domingo, 22 de mayo de 2016

CONSPIRANDO O ALGO ASÍ

Acabado de llegar de un maravilloso fin de semana en Segovia y no quiero dejar más tiempo para reflejar mis sensaciones sobre el II Encuentro de Conspiración Educativa.

En primer lugar, no puedo dejar de hacer referencia a la ciudad. La conocía pero me ha vuelto a enamorar. Una ciudad que en cada rincón te sorprende con algún palacio, alguna plaza, alguna iglesia. O incluso, algún acueducto. Una ciudad que se pasea despacio y se disfruta, con un gran ambiente y gente muy amable.


En cuanto al Encuentro, siento comunicar que sólo asistí por la mañana porque por la tarde conspiramos un poco por nuestra cuenta. Pero lo de la mañana fue una pasada. Ha sido un soplo de aire fresco. Empecemos por el compromiso ético del maestro Julio Rogero y su defensa de la Escuela Pública (con mayúsculas) y de una Escuela (que sólo puede ser pública) que abandone la lógica neoliberal (estandarización, normalización, competitividad, etc.) y se entregue a la inclusión y al pensamiento (palabra peligrosa para el Poder) crítico y que se centre el alumnado. Y sigamos por experiencias concretas, reales y co-inspiradoras, donde me llamaron la atención dos aspectos: la relación estrecha, directa y fructífera de la Escuela y su entorno y el concepto (y el movimiento) de la Escuela en Transición que no conocía y que me parece un modelo muy válido para el momento educativo y social en el que nos encontramos. También me gustaría mencionar la participación de las familias y de cómo se produjo un acuerdo claro sobre su papel en la Escuela y la necesidad de que sean, de verdad, un agente decisivo. Y no podía olvidarme de la aportación de Con Euterpe, a quien representábamos las madrinas y padrinos allí presentes, en el Encuentro, anunciando el IV Congreso de educación musical en esas tierras.

Pero, sobre todo, me quedo con que debemos plantearnos, si de verdad queremos cambiar la Escuela de la era moderna e industrial, ya caduca y moribunda, para qué sirve la Escuela y para qué educamos los docentes. 

Con tanto cambio educativo, con tanto debate falso e impostado que esconde interesadamente el nudo gordiano encerrado en esas dos preguntas anteriores, no atacamos el núcleo de los problemas educativos. Porque nos enredamos en disputas ridículas y nos olvidamos de lo esencial. 

Algo que han superado experiencias como las mostradas por las maestras y los maestros que nos deleitaron ayer en el Encuentro que han visto la solución: entorno, cambio, espíritu crítico, emociones, proyectos, implicación de las familias. Lo cercano para llegar a lo general.

Y, como no, la red. Cómo las redes y sus hilos, tejidos con esmero, trabajo e ilusión por muchos docentes, nos pueden llevar al verdadero cambio educativo




Y dejo para el final, lo personal. Los reencuentros, las desvirtualizaciones, las charlas distendidas en los jardines externos, en las copas, en la comida, en la larga sobremesa y sentados en la Plaza Mayor. La sensación de cargar pilas, de confirmar ideas y sensaciones sobre cómo y por dónde vendrá el cambio educativo. Y, también, la amistad y la confraternización que se desprenden de esas conversaciones.

O sea, que en Segovia hemos estado conspirando. O algo así. También, inspirándonos.

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